El interiorismo occidental tomó prestado el concepto de futón japonés (布団), para diseñar una alternativa a la cama tradicional. Esto, solventaría ciertas necesidades como la falta de espacio u ofrecer alojamiento a algún invitado. En Japón, el futón no es únicamente una solución cómoda que se guarda en el armario y se tiene a mano para cualquier compromiso, sino la principal forma de descanso de millones de japoneses que siguen eligiéndolo frente a la cama occidental.

Imagina una habitación tradicional japonesa, con suelo de tatami (畳). Un matrimonio con sendos futones descansando en la noche. Esa sola imagen, cargada de información, nos habla de Japón, de su practicismo, sencillez, compromiso y apuesta por los valores tradicionales.

Los orígenes

Antiguas civilizaciones  como la mesopotámica o la egipcia ya utilizaban un fino colchón de algodón similar al que usan los nipones. Esto no siempre fue así. El comercio del algodón comenzaría entre los siglos XVI y XVII pero su consumo no se volvería realmente popular hasta el siglo XIX. Materiales como el cáñamo, la paja de arroz o los juncos trenzados formaban o rellenaban alfombras que se depositaban sobre los suelos de madera. La llegada de las almohadas, makura (枕), cubiertas con seda y/o pieles, junto al tatami, mejoraron la comodidad e hizo evolucionar la fórmula progresivamente.

Grabado japonés con un futón

De qué se compone el futón

El futón japonés se compone de tres elementos: el shikibuton (敷布団), el kakebuton (掛け布団) y la makura (枕).

La pieza más importante es el shikibuton, un colchón cuyo grosor puede ser de entre 5 y 15 cm. Existen todo tipo de tamaños, calidades y precios, pero por regla general suele ser simple. Está compuesto por varias capas de algodón y se recubre con sábanas, shikifu (敷 布). Por encima y dependiendo de la época del año, una colcha kakebuton, de mayor o menor grosor, y por supuesto una almohada, makura. Su objetivo, reposar la cabeza, algo fundamental para alguien con problemas de cervicales como yo.

Las opciones son muy variadas y en los últimos años se han popularizado establecimientos donde tú eliges el relleno de las almohadas, a lo tienda de golosinas. Desde plumas a cilindros de plástico pasando por bolitas de diferentes tamaños cuyos precios suelen arrancar en los 10.000 yenes (unos 80 euros al cambio). Yo como soy bastante más agarrado, suelo ir cada dos años a un home center y cambiar de almohada. Los precios allí van desde los 800 a los 5000 yenes, según el tipo (blando, duro, mixto, ergonómico, etc) y su calidad.

Mantenimiento y cuidado

Seguro que si has visitado Japón y te has adentrado en alguna zona residencial has visto a más de una abuelita golpeando sin piedad a su futón con una vara de madera o de bambú futon-tataki (布団たたき) de buena mañana. Es una estampa muy habitual. Airear el futón a diario y exponerlo al sol para eliminar el polvo y los ácaros es algo fundamental (e higiénico, añado). Normalmente, las viviendas niponas disponen de un armario especial para guardar el futón, plegado o enrollado, el llamado oshiire (押し入れ), alacena tradicional japonesa de puertas deslizantes de gran profundidad.

Para los más ocupados (o perezosos) existen unos electrodomésticos llamados futonkansouki (布団乾燥機). Aparatos que calientan y secan el futón lanzando aire caliente, de forma similar al secador de pelo. Como te puedes imaginar, resulta especialmente útil durante la temporada de lluvias.

Futón japonés

Una opción a tener en cuenta

Si vienes a Japón  a estudiar o a trabajar, una de las primeras cosas que tendrás que hacer será encontrar un apartamento o habitación. Te digo ya, que al principio no podrás permitirte grandes lujos, y aquí, los metros cuadrados son uno de ellos. Cuando nos mudamos a Osaka en 2012 encontramos un apartamento muy económico en Namba. Un pequeño estudio de unos veinte o veinticinco metros cuadrados que básicamente era una habitación, y un cuarto de baño. Cada noche abríamos el armario, movíamos la mesita y sacábamos el futón del armario para colocarlo en el centro del salón. Era o la cama o nosotros, y fuimos egoístas. Las viviendas en Japón suelen venir sin amueblar y de ti (o de tu presupuesto) dependerá si quieres probar la experiencia de dormir tan cerca del suelo.

A pesar de que las camas occidentales han ganado en popularidad en los últimos años, especialmente entre las familias más pudientes, no parece que a corto plazo, un país con serios problemas de espacio pueda prescindir de una opción tan conveniente. A mí personalmente me encanta dormir así. Lo llevo haciendo desde hace 6 años e incluso hoy, viviendo en un apartamento mucho más grande, de unos 70 metros cuadrados, sigo extendiendo mi futón japonés cada noche.

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