Hoy en día son numerosas las alternativas a la hora de estudiar japonés en Japón. El ryūgaku (留学) o estudios en el extranjero se ha convertido en una opción para todos aquellos que quieren perfeccionar el idioma y, a su vez, vivir una experiencia inolvidable en el país de las geishas y los samuráis. Las academias de lengua son numerosas y la gran mayoría de universidades cuentan con programas específicos de japonés y cultura nipona. Desde Go! Go! Nihon, ya os explicamos el procedimiento para obtener los certificados y el visado de estudiante, así que en el artículo de hoy os hablaré de mi propia experiencia como ryūgakusei (留学生) o estudiante de intercambio.

Los nervios del primer viaje 

En 2009 y con unas pocas clases de japonés a mis espaldas, decidí que había llegado el momento de hacer el primer viaje a Japón. Sin conocer poco más de la sociedad nipona que lo contado en las novelas de Haruki Murakami o Natsume Sôseki, sus contrastes me cautivaron.

Recuerdo que el vuelo hasta el aeropuerto de Narita se hizo eterno. Los nervios, supongo. Recién llegado y superados los trámites de aduanas e inmigración pude respirar aliviado. Todo lo que había visto antes por televisión o leído en libros se quedaba corto en comparación con la realidad. Shinjuku, Shibuya, Akihabara o Roppongi, los barrios emblemáticos de la capital Japonesa estaban a tan solo unas paradas de metro.

Al tratarse de una estancia de un mes, no fue necesaria la obtención de la tarjeta de residencia. Recordad que desde Go! Go! Nihon, os ayudamos a realizar todos estos trámites previos a la entrada al país cuando venís a estudiar japonés en Japón, así como a buscar la mejor academia de idioma y el alojamiento. En cuanto al dinero, aunque traía el suficiente en metálico, me aseguré que la tarjeta de crédito fuera aceptada por los cajeros automáticos del país.

Estudiante visitando a un templo

Descubriendo Tokio y las clases en la academia 

El alojamiento, una share house situada en el barrio de Mitaka me obligaba a coger cada día el tren de cercanías para asistir a clase. Por el conocimiento previo no os preocupéis, aunque vengáis a estudiar japonés en Japón se ofrecen lecciones para todos los niveles.

Durante las clases, por la mañana, practicábamos conversación, realizábamos ejercicios de gramática y léxico e íbamos introduciendo poco a poco los kanji. Las lecciones eran amenas, con estudiantes de otros países y los profesores, todos ellos nativos, muy cercanos y profesionales.

Al terminar la jornada en la academia llegaba la hora de descubrir todo lo que Tokio podía ofrecer. La inmensidad de la antigua capital Edo abrumaba. Los rascacielos y neones de Shinjuku, perderse por las calles del llamado “barrio rojo” de Kabukicho, las noches de karaoke en Shibuya, las discotecas de Roppongi o los paseos por los parque de Ueno. Comer sushi cerca de la lonja de pescado de Tsukiji, unas partidas en los recreativos de Akihabara, obligada visita a la Torre de Tokio o recorrer Nakamise-dori para visitar el templo de Senso-ji en el barrio de Asakusa. Todo me parecía fascinante, lleno de encanto y sin dejar a un lado esa dualidad entre vanguardia y tradición.

Aunque el transporte pueda resultar algo caro no así la comida. Los restaurantes abundan en cualquier calle de la gran urbe. Cualquier cosa que te apetezca comer ya sea sushi, ramen, udon o soba (tipos de fideos), don de cualquier variedad (bol de arroz con algún tipo de carne, mayoritariamente), yakiniku (parrillada de carne), las empanadillas gyoza o especialidades de otros países. Todo lo que puedas imaginar y más, a precios muy asequibles. Al poco tiempo de hacer vida en Tokyo ya me conocía gran parte de los barrios populares de la ciudad. Incluso, me di cuenta que empezaba a interactuar con otras personas como si de un japonés se tratase.

Desgraciadamente, el mes de estudios terminó. Me despedí con la convicción de que pronto regresaría a estudiar japonés en Japón, y así fue. Poco después volvía al país asiático como ryūgakusei para estudiar durante un año en Kioto.

Si tenéis la oportunidad de estudiar en Japón no lo dudéis, posiblemente a vosotros también os cambie la vida.

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