El cine, no sólo en Japón, si no en cualquier parte del mundo, es mucho más que una técnica de proyectar fotogramas y crear la impresión de movimiento. Los cinéfilos – entre los que me incluyo – dirán que es un noble arte, para algunos será una profesión. Los más gafapastas hablarán de la cuarta pared y de nuestra relación voyeur con estos personajes que aparecen en pantalla, pero lo cierto es que, para mucha gente, el cine no es más que una actividad social.

Viviendo aquí, con tantas diferencias con respecto a un país tan apasionado – con lo bueno y lo malo que esto conlleva – como es el español, un servidor tenía verdadera curiosidad por ir al cine en Japón y ver como reaccionaban los japoneses sentados delante de una gran pantalla.

Popcorn al cine

Billetes y comida

Una de las cosas que más me llamaron la atención cuando llegué a Japón por primera vez, fue comprobar con mis propios ojos que no había mucha diferencia entre una cafetería y una biblioteca. Si bien es cierto que en los izakayas, bares o restaurantes más orientados al consumo de alcohol, se respira un ambiente mucho más animado y ruidoso, en los cafés se respeta el silencio, y únicamente se termina de romper cuando alguien lo ha hecho ya. Cuando esto ocurre, los comensales se animan un poco y levantan educadamente el tono de voz.

Recuerdo que en España aborrecí las salas de cine. No había día que un grupo de chiquillos no arruinaran la experiencia, que los trabajadores del multi-cine, poco profesionales, no la liaran con las lentes de la proyección o que, simplemente, se impusiera la falta de civismo.

Ir al cine en Japón es caro, muy caro. Mientras que en España puedes ir desde unos cinco euros – un día a la semana -, en Japón la entrada más barata cuesta alrededor de 1100 yenes – unos 9 euros al cambio de hoy -, y solo es aplicable en días muy puntuales. Ir al cine en España rondaría los 8 o 9 euros, ir al cine en Japón unos 16 o 17, el doble vamos.

Este es uno de los motivos por lo que las producciones extranjeras suelen llegar meses más tarde al país nipón. Como bien sabes, Japón es muy conservador para muchos aspectos, y la industria del cine no es una excepción. Estrenando el último, se puede ofrecer una mejor promoción, contando con los actores invitados en televisiones o diferentes eventos, y en los pósters o revistas se puede incluir las máximas de “éxito mundial” o “número 1 en USA”, algo que funciona muy bien entre el público japonés.

Otra de las grandes diferencias es que aquí se pueden ver las películas extranjeras subtituladas en cualquier multi-cine, y digo extranjeras por no decir norteamericanas, porque un gran porcentaje de la oferta consiste en producciones locales y producciones made in Hollywood, quedando una pequeña porción de la tarta para películas coreanas, chinas o algún éxito mundial puntual. En Japón, al igual que en España, se doblan las películas, pero muchas de ellas no llegan a los cines, sino que se doblan directamente para los pases televisivos que, por cierto, vienen censurados y recortados en duración para que se ajusten a la parrilla televisiva.

A la hora de adquirir las entradas para ir al cine en Japón disponemos de muchas opciones. Comprarlas online, en cajeros automáticos, en la taquilla o bien acudir a alguna de las muchas tiendas de tickets con descuento. Aquí no existe el concepto de entrada libre, así que es preferible comprar los billetes con anterioridad para poder elegir un buen asiento.

Una vez dentro de los cines, sorprende la oferta de snacks y de comida disponible, desde porciones de pizza a perritos calientes, pasando por patatas fritas, pollo frito o las recurrentes palomitas – dulces o saladas. No te tires de los pelos aún, los japoneses son muy cívicos y salvo que seas muy sensible al olor de la comida no va ser ningún inconveniente.

No more dorobo

Los anuncios anti-piratería

También me gusta que se pueda adquirir material promocional de las películas exhibidas. Empieza la proyección, arrancan los trailers y el famoso anuncio anti-piratería – NO MORE 映画泥棒. Seguro que lo has visto alguna vez. No verás muchas películas ilegales en Japón Alya que la piratería está penada aquí con hasta diez años de cárcel y multas de 10 millones de yenes – unos 80.000 euros al cambio.

Llegados a este punto, con la proyección en marcha, ya no se escuchará ni a las moscas volar. Ni los comentarios ingeniosos del cuñado de turno, ni los insultos del chaval de quince años al protagonista del film, ni grandes risotadas. Terminará la película, las luces permanecerán apagadas hasta que deje de girar el rollo, y la gente abandonará la sala con tranquilidad.

Los cinéfilos dirán que así da gusto disfrutar del cine, los profesionales agradecerán que el público conozca sus nombres y no abandone la sala corriendo, los gafapastas, que se echó a perder la magia del Cinema Paradiso, de los gritos y la emoción del momento, mientras que la gran mayoría volverá a su casa sin haberse perdido detalle. ¡Por eso os recomendamos que probéis la experiencia de ir al cine en Japón al menos una vez!

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